lunes, 15 de septiembre de 2014

¡Y A TI MISMA UNA ESPADA TE ATRAVESARÁ EL ALMA! Evangelio de hoy


Texto del Evangelio (Lc 2,33-35): “En aquel tiempo, el padre de Jesús y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».”

Algo para reflexionar:

Por: José Gilberto Ballinas Lara

Feliz inicio de semana a todas y todos.

La liturgia de este día nos propone la fiesta de la “Virgen de los Dolores”, otra buena oportunidad para profundizar en la persona de la Santísima Virgen María.

El texto que se nos propone hoy es, relevante en muchos sentidos. Uno de ellos, es el profético. Cabe mencionar que desde la antigüedad Dios se hizo presente en su pueblo mediante la voz de los profetas. En el contexto de la presentación de Jesús en el Templo, María la madre del niño, recibe sobre sí un anuncio profético por parte de Simeón –hombre bueno a los ojos de Dios-  “«Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».”
El evangelista Lucas pretende dejar claro que el siervo de Dios Simeón le anticipó a María el sufrimiento que ella pasaría, cuando su hijo Jesucristo padeciera el suplicio de la Cruz, tal como el profeta Zacarías lo anticipó en antiguo Llorarán por aquel que ha sido traspasado, como se siente la muerte de un hijo único, y lo echarán de menos como se lamenta el fallecimiento del primer hijo”

María, la mujer que había sido elegida por Dios para traer al Mesías y Redentor, ya conocía en parte, el misterio de la salvación. El Ángel se lo había comunicado la vez del Anuncio de la Encarnación. Después, por voz de su prima Isabel, posteriormente la manifestación de Jesús en el momento del Nacimiento y ahora las palabras de Simeón. De este modo, María fue profundizando en el misterio de Dios, del cual Él le había hecho parte importante.

De este modo María se convierte, ya, en un ejemplo de obediencia, humildad y seguimiento a Dios: Ese ¡Sí! al Ángel “Aquí está la esclava del Señor. Se haga en mí según tu palabra”, aceptando la voluntad de su Dios. Con humildad se olvidó de sí y fue en auxilio de su prima Isabel quien le dice “¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu viente!” respondiendo María “Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones me felicitarán. El poderoso ha hecho obras grandes por mí…”. Finalmente María sigue a Jesús en su camino hasta el suplicio de la Cruz, donde sufre con Él el desprecio de Israel hasta la muerte.

Ante la persona de María, ¿qué podemos decir?: ¡No puedo con mi cruz!, ¡Seguir al Señor es imposible!, ¡Hacer la voluntad de Dios es una locura! Todas estas afirmaciones se vuelven absurdas.

Pidamos a nuestra Madre Santísima que nos haga un poco como ella para que aprendamos –fuera de excusas sin sentido- con humildad a obedecer y seguir a Cristo, independientemente de la vida tan difícil que estamos viviendo. Y cargar, como Él, nuestra propia cruz.


¡Qué testimonio el tuyo María. Estar siempre dispuesta a cumplir, fielmente, la voluntad de tu Señor! ¡Bendita seas por siempre!

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