domingo, 31 de julio de 2011

Para los creyentes en Jesucristo, la cruz de Cristo es símbolo de vida

Por: José Gilberto Ballinas Lara
MAESTRANTE (Filósofo, comunicador y psicólogo)

El ser humano como ser simbólico –capaz de representarse con una imagen o figura un concepto tal, por alguna semejanza que el entendimiento descubre entre ambos- a lo largo de la historia de la humanidad se ha hecho de infinidad de figuras e imágenes para representar ideas y conceptos que van desde poder, superioridad, vida, hasta inferioridad, descrédito, humillación y muerte.

En este sentido, la cruz ha jugado un papel simbólico por demás relevante. Por un lado, tenemos aquella visión donde la cruz tiene una connotación de humillación y muerte. Basta remontarnos a los siglos donde el Imperio Romano prevalecía en gran parte del territorio que hoy conocemos como Europa y otros lugares. Para los romanos la cruz de madera era usada para castigar a muchos condenados a muerte, donde se exponía a la persona sin vestiduras, de manera que todos pudieran contemplarle desnudo, lo cual ya era una humillación tanto para el que sufría el suplicio como para quienes le conocían y estimaban.  

Asimismo, como hemos dicho, el condenado a ser crucificado, además de pasar por una situación embarazosa pasaba por un terrible sufrimiento físico cuando era clavado, al madero, y por si fuera poco, un sufrimiento psicológico por las burlas de quienes eran sus ejecutores y/o acusadores; haciendo del suplicio un prolongado sufrimiento para el crucificado, que sólo terminaría, con la muerte.

Dicho simbolismo atribuido a la cruz se prolongó hasta muchos siglos después. Esto podría ser suficiente para que muchos optaran por tomar una actitud de rechazo ante la cruz. Sin embargo, la Iglesia Católica, antagónicamente, concibe una actitud de aceptación que llega hasta la adoración de la cruz, pero no de cualquier cruz, sino la cruz de Cristo, la cruz donde Él la piedra angular de la fe cristiana padeció el suplicio hasta la muerte.

¿Cómo explicar este fenómeno?, ¿Cómo entender que haya quienes puedan honrar un símbolo como la cruz, aún cuando fue en ella donde Cristo, Dios hecho hombre, murió siendo mancillado y humillado, asemejándolo a la categoría de un malhechor, sin serlo? Esto, a simple vista, parece inexplicable, carente de sentido.

Para responder a las interrogantes planteadas, veo necesario contemplar la realidad de la muerte como eso, la realidad que nos presenta más certeza que ninguna otra. No se necesita ser una persona letrada o una persona con muchos estudios para saber que la muerte es una realidad. Para esto, basta la experiencia, ver cómo mueren las plantas, los animales y más aún cómo muchas personas pierden la vida por distintas causas. Todos, plantas, animales y personas tenemos cosas en común, en este sentido el principal elemento que compartimos es la vida.

La vida es el punto de partida para hablar de la muerte. Se muere por que antes se tuvo vida, vivir es la condición necesaria para morir. Lo importante es, entonces, saber vivir para morir bien, vivir más lúcidamente para estar más preparado para la muerte y aceptarla tal como ella es, con su inagotable misterio.

Cristo murió en la cruz, pero como hemos dicho antes, tenemos que suponer que vivió, y de hecho así fue, la divina revelación (las Sagradas Escrituras) así nos lo descubre. Cristo vivió y vivió de tal modo que sabía que la muerte le llegaría y de una manera terrible, conciente de que debía sufrir hasta morir para que se cumpliera el designio salvífico del Padre. Su muerte tenía un sentido y un fin que recompensaría tal acto de amor. Cristo vivió preparándose para la muerte, si ha habido alguien que ha llevado una vida de plena lucidez, una vida buena, ese fue Cristo.

Además, a Cristo no le arrebataron la vida como pasaba comúnmente con los condenados al suplicio, sino que él la dio libremente, se entregó y esto le da una connotación de sacrificio, una entrega plena a la muerte por el bien de muchos, por la vida que daría a otros con su muerte.

Cristo aceptó la cruz como el medio para cumplir la voluntad del Padre, como medio para morir, se hizo uno con la cruz. Nunca, durante el camino al Calvario, renegó del madero pesado donde sería humillado y donde entregaría la vida para salvación de muchos, donde se entregaría como cordero único, limpio, sin mancha para ofrecer el sacrificio perfecto para el perdón de los pecados, ya que él contempló una nueva visión de la cruz como un madero que daría vida en abundancia, el “árbol de la cruz” como lo dice también la liturgia en las celebraciones del Triduo Pascual.

Vista de este modo, la muerte tiene sentido, la cruz como medio para dar vida y vida en abundancia tiene sentido y un sentido positivo. La cruz de Cristo como símbolo de vida tiene sentido y un sentido plenamente bueno, al ser Cristo exaltado ya desde el madero es un anticipo de su elevación al cielo, como lo expone el Catecismo de la Iglesia Católica en el núm. 160 “…Cristo, exaltado en la cruz, atrae a los hombre hacia El”. San Pablo explica el sentido de la cruz de Cristo  de muchas maneras. Por ahora quiero exponer solo una, que la cruz por la fe es fuente de poder y sabiduría divina para quienes reciben la salvación de Cristo “Bien es cierto que el lenguaje de la cruz resulta una locura para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es poder de Dios” 1Cor. 1,18.

Por estas razones, la Iglesia Católica ve con buenos ojos la cruz como símbolo de la vida que por Cristo y en Cristo tienen quienes la conforman. No es la cruz por la cruz, sino por los méritos de Cristo la cruz es símbolo de la vida que él otorga a todos los que creen en él y manifiestan su fe con las obras.

Nuestro interés por el bien es el interés de todos

José Gilberto Ballinas Lara
MAESTRANTE (Filósofo, comunicador y psicólogo)

Nuestra vida en sociedad tiene como una de sus bases el interés por el bien particular. Si nos esforzamos por tal o cual actividad, es porque de fondo nos mueve el beneficio que recibiremos de la misma. Eso no está mal, ya que forma parte del anhelo de perfección, característica propia de nuestro ser de personas.
Ahora bien, ¿es correcto entonces buscar que nuestros intereses personales se lleven a cabo?, ¡Sí! Pero si tomamos en cuenta también al “otro”, es decir, que aún cuando nuestra naturaleza humana nos conduce a buscar el bienestar particular en la realidad social de la que somos también parte, está claro que en el proceso descubriremos que hay otros muchos intereses particulares que hay que aceptar como realidades, mismos que nos hablan de personas como nosotros con intenciones de un bienestar.
¿Qué hacer al respecto?, ¿Cómo poder alcanzar lo que anhelo? Esto es un tanto difícil de responder, pero no imposible de hacerlo. En la medida de que uno mismo sea capaz de ser consciente de sí, de sus capacidades y limitaciones, de que es persona pero en relación a otras más, ya está dando los primeros pasos hacia la búsqueda de un auténtico bien.
Contemplemos ahora lo siguiente: El bien es en definitiva la realidad más buscada por toda persona, nada busco que no sea agradable, que me provoque gozo, que me sea benéfico para mi realización, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, no podré lograr tales “bienes” sino considero que sólo los alcanzaré con el apoyo de otras personas que tienen relación directa o indirecta con ese bien buscado. ¿Entonces, debo pasar, incluso,  sobre estas personas? ¡No!, si tu interés por un bien tuvo el previo uso de tu razón, de seguro que habrás descubierto elementos como: Dignidad, igualdad, justicia, derechos, etc., que son constituyentes de una auténtica sociedad de personas.
Nuestra Iglesia, en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia N°. 164, expresa: “Por bien común se entiende ‘el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección’…El bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social. Siendo de todos y de cada uno es y permanece común, porque es indivisible y porque sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo, también en vistas al futuro”.
Es así necesario vernos insertos en una realidad social, tenemos pues, una dimensión comunitaria, no podemos prescindir de esto. Por consiguiente, los elementos citados antes se entienden sólo si hay un sujeto a quien se le aplique, o más que sujeto, una persona. En este sentido, toda sociedad está formada de personas que, como hemos dicho, tienen intereses particulares pero esos intereses se lograrán con la ayuda de la misma sociedad, porque en definitiva, tendrá repercusión en la comunidad. Aquí empezamos a hablar del “bien común” como se nos ha propuesto en la citación anterior.
Por lo tanto, tenemos que el bien es una realidad común en todos, el bien que nosotros nos procuremos se ve en orden al bien que el mismo traerá para la sociedad, porque es en el seno de la misma donde se busca y en ella se encuentra y sólo con la ayuda de los demás se podrá alcanzar con mejores resultados.
No perdamos de vista de ahora en adelante, que nuestro interés por un bien tiene que estar respaldado por el bien que los demás recibirán del mismo. Así ayudarás a construir una mejor sociedad y una mejor comunidad.

"La Iglesia está haciendo lo que le corresponde por la paz social en México"

José Gilberto Ballinas Lara
MAESTRANTE (Filósofo, comunicador y psicólogo)

La petición de apoyo en el combate a la delincuencia organizada que el Presidente de la República Felipe Calderón Hinojosa hizo a líderes religiosos el pasado jueves 06 de agosto del presente, durante la tercera jornada sobre seguridad nacional, deja entrever también una necesidad del ejecutivo nacional por contar con el respaldo de instancias no gubernamentales como la Iglesia, en esta lucha violenta.
Fue muy clara la postura de Felipe Calderón, en el sentido de no dar marcha atrás a esta empresa contra el crimen organizado. Nos damos cuenta de esto, en el hecho de pedir que la Iglesia asuma un papel relevante alrespecto por medio de la denuncia, de motivar a las familias a vivir los valores y principios humanos, por mencionar algo.
De lo anterior podemos decir que la Iglesia está haciendo mucho al respecto, el ser y que hacer de la misma se ve respaldado por la promosión del amor y la caridad dentro y fuera de la misma, con acciones concretas que tratan de responder a necesidades reales.
Por esto, la labor de la Iglesia no es agena a la necesidad que existe hoy más que antes de lograr unificar criterios y esfuerzos ante tantos modos de pensar mayormente reduccionistas y que atentan contra la integridad de la persona y por consiguiente de una sociedad más justa.
Tal es el caso de la constitucionalidad del aborto y de la legalidad de las uniones entre personas del mismo sexo, este último resuelto este mismo jueves cinco de agosto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Estos atentados deja entrever la incapacidad de algunos, que teniendo en sus manos facultades extraordinarias para favorecer el establecimiento de una sociedad, no hacen si no mal uso de ese poder político, jurídico, etc., para limar las asperezas de algunos grupos y evitar así “desórdenes” en la sociedad, olvidando definitivamente que las facultades se dan para emplearlas con uso de razón para dar respuestas reales y definitivas a situaciones tan apremiantes como son las mencionadas.
Cómo se puede pues hablar de “lucha contra el crimen organizado” reduciendo a la misma a unos aspectos del problema como lo son los “cárteles del narcotráfico, lavado de dinero, secuestro, etc.,” que si bien son los más notorios, no son todo el problema. Hace falta ver que existe crimen al transgredir las leyes naturales como es el caso del aborto y la legalización de uniones de personas del mismo sexo, de los que ya hicimos mención.
La Iglesia pues, está actuando sábiamente, y bajo la inspiración de Dios busca soluciones a la luz de la razón para que las mismas sean definitivas y contraresten el mal desde su causa difinitiva, y no desde sus efectos muy externos.
Los valores morales y éticos son cultivados desde el momento en que el niño o niña inicia su formación inicial asistiendo al “catecismo” o a sus cursos, cuando se trata de un “catecúmeno”. Por esto, no nos explicamos el ¿por qué de la solucitud tan insistente del ejecutivo federal para que la Iglesia haga lo que ya está realizando?
El problema es realemente complejo, y como tal hay que abarcarlo en todas sus dimensiones y elementos, teniendo una visión más a fondo de la misma. Es verdad que todos tenemos algo por hacer, pero hagámoslo del modo más correcto para evitar dar un paso en falso que inplique atacar la violencia con más violencia como ha sucedio hasta ahora.

Dios bendice a Chiapas

José Gilberto Ballinas Lara
MAESTRANTE (Filósofo, comunicador y psicólogo)

Un gran acontecimiento Eclesial se llevó acabo en nuetra Arquidiócesis de Tuxtla el pasado día 17 de agosto del presente, cuando las insignes reliquias de San Juan Bosco visitaron la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, haciendo brotar sentimientos de esperanza y fe en todos aquellos que tuvieron la oportunidad de estar cara a cara con el ‘misterio’de la Santidad reflejada en las reliquias.
Hemos dicho, con verdad, que fue ‘un gran acontecimiento’, y para constatarlo, basta con conocer lo complejo que resultó para los organizadores de la recepción disponer todo para que la visita fuera todo un éxito, sea por la magnitud de personas y de recursos materiales, que se necesitaron para la organización de la misma, pero, especialmente por las multitudes, en su mayoría fieles, que aún con las dificultades y contrariedades que pudieran estar experimentando, en su realidad particular, fueron al encuentro de ‘Don Bosco’muchos de ellos quizá con la intención de aliviar en algo sus penas recibiendo las gracias y bendiciones que Dios derrama sobre sus amados hijos por intercesión de este gran Santo.
La realidad de nuestra sociedad chiapaneca es tan compleja, como complejos son los sin número de elementos que la conforman, el fenómeno de la transculturación que inponen los pueblos desarrollados, la globalización que continúa queriendo unificar criterios pensamientos y modos de vivir, sin importar la riqueza cultural que nuestro Estado tiene en sí mismo, sólo por mencionar algo. Y, los elementos que inciden, mayormente de forma negativa, en nuestros pueblos provocan el desconcierto de la población, de las familias, y por consiguiente en la persona misma, que no encuentra ya las pautas y directrices que le indiquen por dónde debe caminar para encontrar la felicidad y la realización plena, misma que solamente puede procurar Dios con su amor inefable.
Ante esta situación, hay muchos que asumen una postura de indeferencia y hasta de cerrazón, y no es para menos; ya que si no hay puntos de partida que sirvan para sostener una concepción aceptable de la vida, cómo puede la persona vivir si nisiquiera es consiente de ello, de su existencia. Estas realidades se objetivizan, de modo más radical, en el modo de actuar y de vivir de nuestros jóvenes, que los llevan, como hemos dicho, a crearse una idea erronea de la vida y los conduce a buscar únicamente alegrías, placeres, y gozos aparentes y pasajeros, olvidándose de aquellas alegrías, gozos que remontan a quien es la fuente de la felicidad eterna, Dios.
Los jóvenes son el presente del mundo, de ellos depende que la historia de la humanidad siga un buen curso, con miras a la plenitud del género humano y de la creación misma. Pero, hasta este punto, podemos preguntarnos ¿acaso se puede esperar que tal plenitud de la creación se realice dadas las circunstancias actuales? ¿Serán capaces las próximas generaciones de responder a las necesidades y exigencias que surjan en ese momento, siendo que la mayoría de ellos hoy, en su condición de jóvenes, no tienen ya las bases y principios que les ayude a desarrollarse como personas? Difícil respuesta y hasta desconsertante si nos quedamos únicamente con las posturas indeferentistas de las que hicimos mención antes. Sin embargo, existe también la otra parte, la realidad de otras personas que buscan hacer patente la realidad de Dios como fundamento, como punto de partida, como principio constitutivo de todo y sobre el cual pude edificarse una visión más clara y cierta de la vida. La Iglesia es, por excelencia, fuente ingotable de sabiduría, misma que viene de su fundamento, Cristo, que es la sabiduría plena, capaz de superar el sin sentido, la cerrazón que otros han impulsado y llevar al hombre a vivir una vida más clara, llena de Esperanza que procure la felicidad de todo aquel que haya experimentado la gracia de la fe en Cristo, gracia que se puede ver en sus testigos, y los santos y en este sentido en San Juan Bosco uno de los más insignes por la virtud y la santidad que manifestó y esta santidad se notó en la respuesta que el pueblo de Dios, por medio de los fieles de nuestra Arquidiócesis, manifestarón al atender al llamado que Dios le hizo por medio de la visita de las insignes reliquias de San Juan Bosco, uno de los más grandes santos y testimonios de Cristo.

FELICIDADES MÉXICO

José Gilberto Ballinas Lara

Los mexicanos celebramos 200 años del acontecimiento que nos dio la libertad, “La lucha de Independencia”, en la que participaron – como nos han expuesto los historiadores- por un lado, aquellos que querían conservar el poder y la supremacía (la corona española) y por el otro, quienes sufrían el peso de la injusticia y la libertad (el pueblo, guiado por hombres valientes, muchos de ellos profesando una viva fe católica).
Este acontecimiento es de carácter histórico, debido a su condición de ‘suceso’, es decir, un hecho en marcado en un tiempo, espacio, que respondió a un contexto y a una necesidad de ese entonces.
Así contemplada, la “Lucha de Independencia” alcanza un carácter importante y necesario para que el presente pueda ser lo que es. La lucha que en su momento protagonizaron nuestros antepasados hace posible nuestra realidad, de otro modo es difícil pensar en las condiciones de vida que prevalecerían ahora si esa “Lucha” no se hubiera llevado acabo tal como se dio. Hemos de reconocer con humildad y justicia nuestra identidad se ha ido entretejiendo.
Hemos dicho que en ella participaron también “católicos” y esto puede ocasionar, como ya ha pasado, el escándalo de muchos que únicamente alcanzan a ver una parte muy reducida del hecho mismo y por consiguiente se dejan llevar de prejuicios que les acarrean conclusiones poco satisfactorias, principalmente traducidas en repudio a la Iglesia. Recordemos que el pueblo mexicano era mayormente católico, y que fueron ellos los que tomaron la iniciativa para buscar una libertad que les permitiera mejores condiciones de vida, no obstante, tener que emplear el uso de las armas para alcanzar tal fin.
Es bien sabido que todo ser humano anhela la libertad, pero una libertad que le procure la plenitud de su ser, una libertad consiente que no mengue la libertad del “otro” o del “prójimo”  como diríamos los creyentes en Cristo. Este mismo anhelo se manifestó en cada uno de nuestros compatriotas que dieron todo de sí, hasta la vida, para que las nuevas generaciones pudieran gozar de esa libertad que se denota en un espíritu encaminado al “bien común” y no al puro individualismo.
Los obispos de México, en su Carta Pastoral “Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria”, es el ejemplo claro de la preocupación y, por supuesto, del compromiso que comporta, ser guía de muchos mexicanos que profesan y viven la fe católica, pero también va dirigida a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que con verdadera honestidad se comprometen también con la realidad.
Sería, por otro lado, lamentable, quedarnos solo en la algarabía y la fiesta, que, si bien, es importante para nuestra cultura, no podemos permanecer solo en la situación externa, este acontecimiento también debe despertar en nosotros el anhelo de libertad y justicia, crear una lucha desde el interior de nuestra vida y estructuras para crear un nuevo México, más libre y confiable.
Felicidades a todos los que se esfuerzan con su vida a poner en alto el nombre de México; que desde cualquier nivel y condición, luchan por la independencia.

domingo, 10 de julio de 2011

¿Arte?

José Gilberto Ballinas Lara
MAESTRANTE (Filósofo, comunicador y psicólogo)

Estoy seguro que habremos escuchado en alguna ocasión la palabra “arte” y de modo particular la encontramos formando otros conceptos como: obra de arte, arte culinario, etc. El arte, es algo que le corresponde únicamente al ser humano. Nadie más puede hacer “arte”. Pero, ¿qué es el arte? Muchos lo relacionan con la belleza, y ciertamente tiene relación con ella, pudiera en dado caso ser la belleza uno de los fines del arte, pero no se reduce a la misma.

 El arte no es solo el magnífico resultado de una actividad, ni todo resultado magnífico es arte. La naturaleza obra según su ser y su esencia, pero eso tampoco es arte. ¿Qué es pues el arte? Y ¿por qué le corresponde únicamente al ser humano? En este momento analizaré únicamente la segunda pregunta.

La hombre se pregunta por el cosmos, el mundo y por sí mismo, busca la verdad de su ser y responde a sus preguntas. En ese afán por reflexionar sobre todo, el hombre no tiene más que objetivar el resultado de esa reflexión. El modo más peculiar de manifestar su pensamiento, es en actitudes y obras, y es en esto último donde podemos ya hablar de arte. Más que una técnica o una ciencia el arte es una revelación del ser humano, revelación de su ser, de lo que le ha participado el absoluto (Dios).

Ahora propongo la siguiente definición:

En definitiva, el arte es una visión de la realidad de un individuo particular. El artista no imita, si no crea, hace surgir una novedad y la expresa en hechos concretos como: la música, la pintura, la escultura y la poesía; que son en general las manifestaciones más comunes del hombre en este campo. En una obra de arte, el hombre se ve así mismo, y se puede confrontar.

Concluyo diciendo que, el artista es capaz de elevarse por encima de su realidad y superar por mucho la obra natural de su entorno. Aunque es muy breve lo que he expuesto hasta ahora, considero que da luces para quienes deseen ahondar más en el tema del arte.

¿La sabiduría o la estupidez?

José Gilberto Ballinas Lara
Maestrante (Filósofo, comunicador y psicólogo)

Esta vez, quiero hacer una pequeña reflexión de un asunto muy importante en el mundo de la filosofía, me refiero a la “Sabiduría”. ¿A qué se debe su importancia?, bueno, considero suficiente dar un vistazo a la raíz etimológica del concepto philosophia, que en griego, es el amor a la sabiduría. Esto es lo propio del filósofo la búsqueda del saber, pero no un saber cualquiera ya que la sabiduría no se puede reducir al conocimiento de tal o cual cuestión, no es únicamente teoría, sino  es por mucho cuestión más de práctica. No es materia de ciencia alguna, más bien de la vida misma.

La sabiduría es pues un saber vivir y es aquí donde encuentra su sentido último. La ciencia nos puede ayudar a explicar un fenómeno particular, pero no nos dice cómo debemos vivir, ni si quiera nos da la razón definitiva del por qué de la vida. Y es que, aunque el ser humano necesite conocer los fenómenos que se le presentan para comprenderlos y actuar en consecuencia, estos no le dan las pautas necesarias para encontrar el sentido de su existencia, de su ser como persona. La biología nunca dirá al biólogo cómo vivir, ni si debe ser biólogo para encontrar el sentido y el valor de la humanidad, por deciralgo.

Si bien es cierto que debemos luchar por sobrevivir -y en esto nos ayuda el ser docto en alguna ciencia- también es igual o más necesario preguntarse ¿por qué sobrevivir? Esto último nos lo ofrece solo la sabiduría, sólo podemos aspirar a ella si nos hacemos consientes de que somos seres pensantes (esto nos distingue de los demás seres), que es una tarea necesaria pensar, reflexionar sobre la vida, ¿Cuál es mi fin último? Necesitamos pues filosofar -como se dice en términos filosóficos- para vivir de la mejor manera.

El esfuerzo que realicemos por alcanzar la sabiduría, nos procurará una vida más clara, más feliz. Es la felicidad el fin último de todo ser pensante, pero no una felicidad aparente como el gozo o placer sensitivo (que reduce al ser humano a pura sensibilidad), sino, la que considera al hombre íntegramente (sentiente-pensante), la felicidad plena o definitiva.

Pienso que lo que más puede contraponerse a la sabiduría pudiera ser la “estupidez”. Digo esto, porque debiéramos aspirar a una vida cada vez más inteligente y esforzarnos por aplicarla en nuestra existencia, allí donde nos ha tocado vivir, ya que también la pura racionalidad nos deja “en las nubes” (válgase la expresión) por no manifestar lo que pensamos.  Lo que alcemos con la inteligencia, nos remite a actuar. Actuemos pues en consecuencia.

Termino diciendo que la sabiduría es aquello que tanto anhelamos, pero que también muchos desatendemos, sea por faltarnos ser concientes de nuestro ser, sea porque no se nos han dado las bases necesarias para filosofar, o por cualquier otra razón. Sin embargo, a ti que tienes la oportunidad de leer esto, te invito a reconsiderar que eres capaz de filosofar en mayor o menor medida dependiendo de las circunstancias en la que te encuentres. Tú, puedes desarrollar –no sin un poco de esfuerzo y disposición- esta capacidad. Además, esmérate en alcanzar la sabiduría plena, la misma que te dará muchos elementos para que vivas realmente y por ti hagan otros lo mismo…optar por la sabiduría.

¿Filoso...qué?

José Gilberto Ballinas Lara

MAESTRANTE (Filósofo, comunicador y psicólogo)

Es probable que al menos en una ocasión hayas escuchado el término Filosofía, o bien, lo hayas leído: en algún texto, revista, en la televisión o por algún otro medio. En algunos, este hecho habrá provocado una inquietud que los llevaría tarde o temprano a considerar éste asunto. Sin embargo, también habrá quienes le resten importancia, sea por una u otra razón, pero en definitiva es seguro que nos habremos encontrado con el concepto en cuestión.

Es común entre las personas relacionar el término filosofía al modo de pensar de un sujeto, o de un grupo,  lo cual no está lejos de una definición correcta o al menos aceptable de la misma. El término ha sido definido desde distintas perspectivas y por muchos filósofos en distintas circunstancias.

La filosofía no es la sabiduría de algo, menos una ciencia, es “una reflexión sobre los saberes disponibles”. No aprendemos filosofía, sino más bien aprendemos a filosofar, es decir, nos preguntaremos por nuestro pensamiento, el de los demás, por lo que la experiencia nos manifiesta, por lo que nos oculta. La filosofía no es ajena a nosotros, es decir, si bien existen especialistas en la materia, es también cierto que filosofar es parte de nuestra vida “La filosofía no es fundamentalmente una especialidad, ni un oficio, ni una disciplina universitaria: es una dimensión constitutiva de la existencia humana” como declara también André Comte.  Es necesario pues que hagamos conciencia de que somos seres dotados de razón a diferencia de los demás seres a quienes su actuar se debe a una determinación en su naturaleza,  o al instinto.

Las ciencias particulares, buscan una verdad o un saber concreto y o particular, la filosofía busca la verdad absoluta, la que da sustento a todo, y que en definitiva nos procura una vida mejor y sobre todo una existencia feliz tanto individualmente como colectivamente.

Con lo hasta aquí tratado, creo es suficiente para proponer la siguiente definición: la filosofía es la búsqueda del saber último y definitivo, y que tiene por objeto ayudar a entender y darle sentido a la vida, para vivirla de la mejor manera, procurando la felicidad. Sin embargo, dicha búsqueda, se realiza única y exclusivamente con la inteligencia, es decir reflexionando sobre lo que sabemos y podemos alcanzar a saber. Tenemos también el discurso como medio para manifestar lo que de momento sabemos a los demás. Es esta una definición que obviamente no pretende ser definitiva, eso sería ¡absurdo!, porque la filosofía es tan extensa y no puede abarcarse de una sola vez, ni por una sola razón. Tantos Siglos, tantos filósofos, tanto esfuerzo, no puede reducirse a una concepción. Sin embargo, esto que su servidor (como estudiante de filosofía) ha propuesto, es entendible, es claro, y tiene de algún modo lo esencial de la mayoría de las definiciones que en el tiempo se han formulado.

Ahora, te toca a ti considerar la tarea de filosofar desde tu realidad, es decir, desde donde te ha tocado vivir, pregúntate por los acontecimientos comunes que percibes a diario. Pero en la medida de lo posible, acércate a los textos de filosofía, o en su defecto solicita ayuda de alguien que puede brindártela, y por qué no, invita a los demás a hacer lo mismo. De esta manera podremos comprender lo que acontece en nuestras vidas y en el mundo, del cual somos parte. Y como dije antes, podremos vivir mejor y será más fácil encontrar el camino a la felicidad.