sábado, 27 de agosto de 2011

La persona joven, sujeto de su propia perfección

José Gilberto Ballinas Lara
La persona desde su concepción se hace partícipe de las características propias del hombre, la autodeterminación que le es propia, la voluntad y libertad que le hacen definir su sentido y finalidad en la vida lo diferencian  de los demás seres.
En ese proceso de autodeterminación y elección, tiene que pasar por algunas etapas como: la infancia, la adolescencia y juventud, la madurez, y aspirar así a una ancianidad con la mayor satisfacción de vida posible.
Cada etapa tiene su sentido e importancia propia. Sin embargo, quiero centrarme en la etapa de la juventud, que es donde la persona descubre múltiples cambios de orden fisiológico, psíquico, racional y espiritual; que la van constituyendo la persona que será en la etapa madura. Además,  la persona empieza a vislumbrar que forma parte de un todo, y que tiene que interactuar con otros como él, que igual están buscando dar un sentido a su vida buscando su plenitud.
El joven, es así sujeto imprescindible de su propia realización y perfección, misma que solo logrará en la realidad comunitaria o social a la que pertenece. Precisamente en la sana relación con los demás podrá forjar su ser de persona con miras a su desarrollo y bienestar.
Que la persona en su juventud logre descubrir todos estos elementos, es una realidad que se torna difícil si consideramos que existen infinidad de obstáculos (la falta de conciencia, la cerrazón y la indiferencia, por mencionar algo) que evitan que muchos de los jóvenes hagan uso de su voluntad y libertad de manera responsable, por lo que no logran constituirse personas con un sentido y finalidad de vida bien establecidos.
Esto, hace que los que pasan por la situación antes mencionada no logren desarrollar sus cualidades y aptitudes necesarias, mismas que les permitan ser personas adultas con el criterio y claridad de vida suficientes que les proporcionen lo necesario para su realización.
En respuesta a esto, hoy en día existen muchas instancias que, no sin muchos esfuerzos, buscan devolver a la persona su condición como tal, para que, superando los obstáculos cultiven mejor su ser desde la juventud misma y puedan conseguir una realización de vida guiada por un uso de la razón y de su auténtica libertad.
Es tarea de los jóvenes dirigir esfuerzos en pro de constituirse personas verdaderas, capaces de asumir una radical posición que los lleve a la búsqueda de una realización de sí mismos, considerando también que son ellos quienes tendrán que guiar su vida en búsqueda de la felicidad y perfección, además de ordenar, en un futuro, el destino del mundo.

viernes, 5 de agosto de 2011

Alegrarnos por tener en el Beato Juan Pablo II un ejemplo de santidad

José Gilberto Ballinas Lara

En esta edición encontrarán varios aspectos sobre la beatificación de Juan Pablo II, este ilustre siervo de Dios que hizo todo por hacer la voluntad de su Señor lo cual le ha valido para llegar a la beatificación.
La santidad es una realidad que muchos no entienden, sea por no ser creyentes cristianos, sea por no contextualizar la misma, etc. La verdad es que el tema de la santidad, para muchos, carece de importancia.
Todo bautizado en la Iglesia de Cristo recibe los incontables dones espirituales que se desprenden de él, Cristo mismo. Nuestro Señor Jesucristo, mediante el Sacramento de iniciación (Bautismo) nos hace hijos adoptivos de Dios (cf. Ef 1, 4-5). Esto derrama sobre nosotros las bendiciones que Dios tiene para todo aquél que Crea en Cristo y se convierta a la fe.
Es mediante al Santo Espíritu que Dios nos comunica y revela el llamado fundamental que Él mismo ha hecho para todos, la vocación a la santidad y ser así santos e inmaculados ante Él por el amor.
Esta vocación fundamental se acentúa de modo especial en los que reciben el Sacramento del Orden, ellos tienen la necesidad y la exigencia de hacerse santos, por los méritos de Cristo de quién han recibido el don del sacerdocio ministerial, se convierten así en Cristo Cabeza y Pastor de la Iglesia.
Juan Pablo II, un cristiano ejemplar desde su infancia y juventud, nos demostró que es posible responder a ese llamado fundamental de Dios, la vocación a la santidad, desde la realidad particular que le tocó vivir llena de dificultades. Además, siendo ya pastor fue consolidando su respuesta a Dios en pro de la santidad. Como Sumo pontífice manifestó en todo momento el amor de Cristo reflejado en la práctica de la caridad hacia los demás, a la manera de nuestro Señor Jesucristo.
Del testimonio de Juan Pablo II tenemos infinidad de enseñanzas. Ahora queremos destacar el impulso que dio al ser humano en su condición de “persona” visión más completa de la realidad del hombre y que supera en mucho a innumerables reduccionismos antropológicos. Estuvo siempre en defensa de la persona y de sus derechos esenciales, promoviendo el amor y la dignidad hacia la misma desde la concepción hasta su fin natural.
Unámonos a la alegría que embarga a la Iglesia de Cristo por este acontecimiento. Y pidamos a Dios que a semejanza del Beato Juan Pablo II podamos responder cada vez con más ímpetu al llamado a la santidad que el Señor nos hace y poder ver a los demás como personas íntegras y defender su dignidad y derechos.

jueves, 4 de agosto de 2011

¿Un año más de vida?

Por: José Gilberto Ballinas Lara
MAESTRANTE (Filósofo, comunicador y psicólogo)

Un día, una chiquilla de nombre Mónica, que estaba cumpliendo años y que pasaba de la adolescencia a la juventud, recostada cerca de un río, se dijo:

-"Heme aquí, cumpliendo un año más de vida. Un año más, uno menos, ¿qué importancia tiene? no pasa nada, al menos eso pareciera, ya que así ha sido durante los últimos años. Se llega el día, un abrazo de las personas que me conocen, muchas felicitaciones, algunos regalos, y así pasa hasta llegada la noche, y ¿Después qué? Al día siguiente, a seguir con lo mismo".

-"Así pues, ¿Qué puede importar cumplir otro año de vida?"

Sin darse cuenta se quedó dormida, y comenzó a soñar que se había convertido en una gran profesionista, en otro momento era una gran personalidad en el ámbito social, tenía riqueza suficiente, tenía a sus órdenes a varios subordinados, en fin. Sin embargo cuando estaba en la cumbre de su sueño, le despertó un ruido muy fuerte, se percató que en el río se encontraba una chica que comenzó a gritar, porque se ahogaba y fue tan rápido todo que Mónica echó a correr hacia el río para auxiliarle, pero desafortunadamente la otra chica murió. Ella llegó al mismo tiempo que llegaron otros chicos y únicamente pudieron sacar el cuerpo sin vida de la chica.

Este hecho la dejó conmocionada, al grado que no podía deshacerse del recuerdo tan duro de ver morir a una persona en esas circunstancias.

Pasó el tiempo y al año siguiente, el día que cumplía otro año más de vida, se le ocurrió ir de nuevo al mismo lugar del año anterior. De camino pasó por una casa donde vio a muchas personas y escuchó muchos llantos. La curiosidad le hizo acercarse y preguntó con alguien que estaba afuera:

-"Disculpe usted, ¿a qué se debe el llanto de esas personas?"

Le respondieron:

-"La chica que vivía en esa casa, cumple hoy un año de muerta, misma que murió ahogada en el río"

Mónica, entró al lugar y al ver el ambiente tan triste y desolador le partió el corazón. De pronto se acordó que ese día ella estaba cumpliendo un año de vida, volvió a pensar en su pregunta ¿Qué puede importar cumplir otro año de vida? y luego de pensar en lo sucedido. Dijo en su interior:

-"¡Gracias Señor por darme un año más de vida! Te pido que me ayudes a ser cada vez mejor persona, vivir cada vez de mejor manera y agradecida siempre con todo lo que me has dado. Dale la fortaleza  y esperanza a esta señora que sufre hoy al cumplirse un año de la muerte de su hija" y concluyó:

-"Ahora me doy cuenta que si importa, y mucho, cumplir un año más de vida".