miércoles, 16 de septiembre de 2015

Tiempo de Gracia para fortalecer nuestra esperanza

Gilberto Ballinas

Estamos concluyendo un año litúrgico, un año en el que pudimos compartir la vida como Iglesia de Cristo, en medio de las celebraciones sacramentales y del culto, además de la formación cristiana, de las misiones que, de una u otra manera, nosotros, el “Cuerpo Místico de Cristo”, realizamos desde nuestra realidad particular, en miras a difundir el Evangelio.

Todas estas vivencias nos han marcado para bien, nos proyectan en busca de un ejercicio Evangelizador más eficaz en el nuevo año que iniciamos; nos remiten a ver los logros obtenidos y fortalecerlos, pero también a considerar lo que nos hizo falta, lo que no se alcanzó y tomar cartas en el asunto, todo en miras, como hemos dicho, de una mejor evangelización.

Para esto, contamos con un tiempo de gracia, un tiempo que nos invita a reflexionar, a profundizar en nuestra realidad como Iglesia que busca realizar la voluntad de Cristo; esto es el Adviento, un tiempo donde los Cristianos Católicos se disponen a prepara la solemne fiesta del Misterio de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo.

Pensamos en una misión, en dar a conocer la Buena Nueva, pero esto, a su vez, supone haber recibido la misión de Aquél que es la Buena Nueva en sí misma, Cristo, el Verbo de Dios hecho hombre para salvarnos.

En el tiempo de Adviento, resuena el mensaje de esperanza, que nos incita a levantar la mirada hacia Dios y esperar la salvación definitiva que sólo Él puede procurarnos. Es necesario pues, profundizar en los signos de los tiempos, estar atentos a las mociones del Espíritu Santo y disponernos a asumir lo que Èl nos pide a cada uno a favor del Pueblo de Dios.

Queremos hacer un paréntesis para mencionar el gran acontecimiento que Dios ha regalado a la Iglesia particular de Tuxtla; nos referimos al Don del Sacerdocio Ministerial que ha conferido, por manos de nuestro Arzobispo Mons. Rogelio Cabrera López, al ahora Presbítero Hugo Armando Álvarez Herrera, signo claro de la presencia de Dios en nuestra Iglesia diocesana.

Hechos tan gratos como este, por una parte, pero también la ola de realidades sociales tan difíciles que vivimos en nuestro Estado, nuestra nación y el mundo entero, nos interpelan a profundizar en la fe en Cristo, La Palabra Encarnada que espera llegar a nuestros corazones sedientos de esperanza y del amor de Dios.

Dispongámonos a vivir el Adviento como un tiempo de gracia, poniendo nuestra esperanza en Cristo que nos da una libertad más allá de la libertad puramente social, una libertad que supera la realidad y lleva a la plenitud de la vida del género humano, la vida en Cristo.

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