miércoles, 16 de septiembre de 2015

Estar reservado para Dios

Gilberto Ballinas

Hace apenas unos días celebramos la fiesta en honor a San Sebastián Mártir, la “Fiesta grande de Chiapas” como muchos suelen llamarla por la magnitud y los alcances en materia de cultura y tradición que la misma tiene y que se celebra de sobremanera en el municipio de Chiapa de Corzo. Cabe mencionar que esta fiesta también es celebrada, en nuestra Diócesis de Tuxtla, en el municipio de Berriozabal. 

Ahora bien, vamos a enfocarnos en el ámbito religioso de esta fiesta, por lo tanto contemplemos la importancia que tiene San Sebastián y su testimonio para bien de la Iglesia: 

San Sebastián fue en su tiempo un cristiano ejemplar. Recibió los sacramentos de iniciación (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) y con ellos la gracia de Dios para poder ser imagen viva de Cristo. 

Además de ser cristiano, este santo tuvo la peculiaridad de servir en el ejército, y como buen soldado seguía las órdenes de sus superiores y acató, las normas del ejército. Sin embargo, como hemos dicho, nunca dejó sus convicciones de fe: “San Sebastián, como militar, obedeció siempre las leyes del ejército, era un soldado perfecto…pero se negó rotundamente y no obedeció aquello que se oponía a sus convicciones de fe y a su razón” (Mons. Rogelio Cabrera López). 

San Sebastián se negó a rendir culto al emperador, porque esto no tenía sentido, era un cristiano muy lúcido y fiel creyente de Cristo, lo que le valió para sufrir el martirio y ser así testigo de Cristo en su tiempo. Por esto alcanzó la Santidad y es honrado por la Iglesia por su testimonio de fe, llevado hasta las últimas consecuencias, a dar la vida por Cristo. 

Queremos hacer mención también, que en próximos días celebraremos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada fecha en que la Iglesia reconoce el valor que este estilo de vida tiene para el fortalecimiento de la Iglesia y su vida de comunión. 

Todos estamos llamados a la santidad, para ello existen estilos de vida cristianos. La vida consagrada es un estilo que tiene sus particularidades: la opción por una radicalidad de vida en comunidad, en la pobreza, en la obediencia y la entrega del propio ser a Cristo; todo esto reflejado en el cumplimiento de la misión y el servicio que ellas y ellos ofrecen a favor de la Iglesia. 

Todos desde nuestro Bautismo recibimos la gracia santificante de Dios, por los méritos de Cristo, y con la Confirmación hemos sido reservados para Dios, debemos ser concientes de esto, debemos esforzarnos por conservarnos para Él, que toda nuestra vida sea una entrega constante a la Voluntad de Dios, a semejanza de los Santos y en este caso particular como San Sebastián, capaces de ofrendarnos a Dios para ser los testigos que el mundo necesita contemplar.

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