sábado, 17 de septiembre de 2011

Reconocer la ignorancia para buscar las verdades esenciales


Por: José Gilberto Ballinas Lara
(Maestrante)

Sócrates examinando a sus interlocutores.
Cuántos hay en el mundo de hoy que se hacen pasar por grandes sabios y doctos afirmando que han alcanzado un nivel de saber suficiente, el cual les permite acceder totalmente al conocimiento de la verdad absoluta.
Algunos, valiéndose de títulos profesionales, que muchas veces obtienen sin un verdadero estudio y esfuerzo previo, se hacen notar en las masas haciendo uso de argumentos científicos y otros tantos, con aparente línea racional, que no son más que discursos que no superan el plano de un conocimiento, hasta cierto punto normal.
Quiero destacar que las ciencias particulares ofrecen un conocimiento que, si bien ha descubierto un sin número de resultados que desentrañan muchos de los misterios de la naturaleza mediante el estudio y análisis de los fenómenos que en ella se manifiestan, está claro que no definen estrictamente hablando cuál es la causa definitiva de toda la realidad.
Los discursos de estos supuestos sabios sorprenden a muchos, debido al desconocimiento que estos últimos tienen de las verdades superiores y absolutas que son especialmente materia, principalmente, de la ciencia filosófica.
Quizá el error principal podría consistir en que estos personajes, que también desconocen las verdades esenciales y absolutas, llegan a sus conclusiones suponiendo tales verdades, se dejan impresionar por los fenómenos que la multiplicidad de cosas les ofrecen a simple vista y eso hace que no descubran, en último término, los elementos esenciales de las mismas.
El gran filósofo Sócrates, alagado por muchos otros filósofos, de quien tenemos conocimiento por medio de Platón, para indagar sobre las verdades fundantes proponía deshacerse de los supuestos y de la realidad fenomenológica, reconocer la ignorancia, e ir a fondo mediante las preguntas sobre la esencia de las cosas, teniendo como punto de partida el conocimiento de uno mismo "Era consciente de que yo, por así decirlo, no sabía nada" (PLATÓN. Apología de Sócrates)
En este sentido, cuánto bien haría a todos el reconocer que de la realidad se desconoce más de lo que se conoce y con la ayuda de todos los tipos de conocimiento (empírico, científico, racional y el conocimiento por la fe) ir construyendo verdaderos esquemas sobre la base sólida del conjunto de los mismos y así tener más posibilidades de acercarnos realmente a la verdad de las cosas, las verdades esenciales.

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