martes, 13 de septiembre de 2011

Hacer de la vida una constante entrega al otro favoreciendo la comunión

José Gilberto Ballinas Lara
(Maestrante: Filósofo, comunicador y psicólogo)

La familia es una realidad que ha ido perdiendo muchos de sus elementos constitutivos. En esta ocasión trataré un poco el aspecto de su finalidad, misma que se ha ido distorsionando con el paso del tiempo.
La familia ha sido y continúa siendo un tema muy importante para la humanidad. Basta contemplar que la existencia del ser humano la supone. La familia es una condición necesaria e inherente al hombre, pues no se entendería cómo ha llegado el hombre a subsistir y, más aún, a irse desarrollando a lo largo del tiempo.
Por otro lado, la familia se concibe como un todo en medio de toda la realidad. Está formada de personas y no sólo de individuos, tiene como una de sus características el estar constituida por la unión, en sentido estricto, de un hombre y una mujer, del cual los hijos son el fruto.
Vista así, la familia puede entenderse también como una comunidad de personas que aporta, en todos los sentidos, una riqueza incalculable al mundo. Sin embargo, hoy en día ha sido atacada por distintas corrientes de pensamiento que la han llevado a una desmesurada reducción de su ser y por ende de su finalidad.
¿Cuál es la finalidad de la familia? Bueno, si la familia es ese todo bien constituido y formado de personas que comparten una unión radical de su ser, la finalidad de la misma gira en torno a hacer patente esa unión  con la misma vida, o hacer de la vida una constante entrega al otro favoreciendo la comunión.
Ahora bien, está claro que no es tarea fácil llevar a cabo dicha finalidad. La realidad muchas veces invita a deshacer la unión familiar valiéndose de múltiples factores, principalmente externos. Es necesario, pues, ahondar en aquello que fundamenta la unión radical y la puede sostener.
Hay una sola realidad capaz de dar razón última a la unión de un hombre y una mujer, y esa razón es el amor. No cualquier amor, sino, el amor en su sentido pleno, ese que se da y se entrega al otro radicalmente hablando y sin esperar recompensa alguna. Este amor que los unió desde el principio será, si es cultivado, el que supere las insidias que intenten fragmentar la unión familiar.
Si se permanece en el amor nada podrá eliminar la unión del hombre y la mujer, y, en consecuencia, la familia será gradualmente lo que le corresponde ser, más familia, y con ello alcanzará definitivamente su finalidad, ser signo de unión plena fundamentada en el amor.

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