lunes, 28 de enero de 2013

¿Obispo?


¿Qué significa obispo?

José Gilberto Ballinas Lara

Comúnmente escuchamos hablar de los obispos, de cómo predican a los fieles con gran sabiduría, de cómo celebran los Sacramentos con gran solemnidad, de cómo opinan a favor de la verdad cristiana en los medios de comunicación masiva, etc. Pero, muchos sabemos poco o nada del Ministerio Episcopal que han recibido. En adelante trataremos varios de los aspectos que integran dicho ministerio.

Esta vez, permítanme iniciar con la conceptualización del término “Obispo” y lo que significa, de modo general y para la Iglesia Católica.

Buscando en enciclopedias en línea, encontré la siguiente definición “Obispo: Prelado superior de una diócesis. Obispo in pártibus infidélium (o in pártibus). El que toma título de país o territorio ocupado por los infieles y en el cual no reside. [Religión] Obispo Entre los diversos ministerios que existen en la Iglesia, ocupa el primer lugar el de los obispos que, a través de una sucesión que se remonta hasta el principio, son los transmisores de la semilla apostólica.” (Enciclonet.com)

Como podemos ver, dicha definición hace ya alusión al concepto desde un enfoque religioso, quizá porque la palabra “Obispo” no puede concebirse, con certeza, desde otro enfoque que no sea el religioso, y más aún, desde la Religión Católica que es, como veremos más adelante, su punto de partida. La definición propuesta nos habla ya de la supremacía que tiene la persona del Obispo, incluso hace referencia a la “sucesión apostólica” en la que está inmerso.

Analizando el concepto desde un Diccionario Bíblico encontré la siguiente definición: “Obispo: Griego epískopos, vigilante, inspector o superintendente. Hombre dotado por Dios para cuidar la Iglesia. Debía tener cualidades de maestro, pastor y administrador. El obispo tenía la responsabilidad de apacentar la Iglesia del Señor. El Título de obispo se deriva de Cristo, quien es pastor y guardián.” Esta definición, por supuesto que nos aclara mejor el verdadero sentido y ser de un obispo.

Las Sagradas Escrituras, como fuente principal de la Revelación, por su parte, nos ilumina de la siguiente manera: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo” (Hch 20, 28.) A grandes rasgos, San Pablo, exhorta a los presbíteros de Éfeso a cuidar y pastorear a los cristianos por mandato del Espíritu Santo.

Por otro lado, encontramos en (1 Tm 3, 2-7) el siguiente texto “Es, pues, necesario que el epíscopo sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios? Que no sea  neófilo, no sea que, llevado por la soberbia, caiga en la misma condenación del diablo. Es necesario también que tenga buena fama entre los de afuera, para que no caiga en descrédito y en las redes del diablo.”

Se podrán mencionar otros textos de la Escritura donde se hace referencia al ser del obispo. Por ahora considero suficiente lo estudiado en los Hechos de los Apóstoles y en la Primera Epístola a Timoteo. En (Hch 20, 28.) Encontramos tres grandes características que todo obispo debe tener en cuenta en su ministerio pastoral, y que definen, ya, su identidad como pastor y guardián de la Iglesia que le ha sido encomendada: cuidar, vigilar y pastorear a la grey.

En cuanto al aporte que San Pablo hace a través de la Epístola a Timoteo en (1 Tm 3, 2-7) el texto se refiere al personaje denominado “epíscopo” que por ningún motivo corresponde a la persona del obispo, como lo conocemos ahora, sino al creyente que ejercía algún cargo en la comunidad cristiana de esos tiempos. Por tal motivo no debe ser motivo de controversia el hecho de leer que, entre las cualidades descritas por San Pablo aparezcan “casado una sola vez” o “que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios?”

Aclarado este punto, podemos rescatar los aspectos que el apóstol de los gentiles nos regala en dicha cita sensato, “…educado, hospitalario, apto para enseñar,” La educación, ha jugado un papel importante en los que son llamados a ejercer el Ministerio episcopal. La riqueza de la educación familiar, se consuma con la cultura y formación que recibe en el Seminario, así como la gran experiencia que le dejan el diaconado y el presbiterado. Estos antecedentes ayudarán a que el obispo sea hospitalario, como parte de la caridad evangélica que debe vivir. Finalmente todo ese bagaje que conforman su persona, harán que el obispo pueda ejercer plenamente el ministerio de la enseñanza de la sana doctrina, los consejos evangélicos y la evangelización en general.

Con todo lo tratado en este pequeño artículo, podemos decir que el obispo, en la actualidad, es la persona que, luego de un complejo proceso de formación al ministerio ordenado, recibe el orden episcopal y el sacerdocio pleno, y con él la enmienda de guiar, pastorear, enseñar y educar a la Iglesia particular (diócesis) que le ha sido conferida por el Papa, sucesor de san Pedro.

En la próxima entrega analizaremos lo que significa el ministerio pastoral de los obispos, iluminándonos por el Concilio Vaticano II.  

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