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| Foto: gabinetpsicologicmataro.com |
Por: José Gilberto Ballinas Lara
La violencia es tan común en la actualidad que puede encontrarse muy cerca de nuestro entorno, nuestra familia e, incluso, en nuestro interior.
Algunas definiciones comunes tienen a la violencia como un empleo de fuerza y poder físico o psicológico sobre una o más personas con el fin de someter dañando su salud física y mental.
El factor social de la violencia, desde una perspectiva psicológica, puede generar crisis que, de no ser tratadas a tiempo y como corresponde (Auxilios Psicológicos), pueden derivar en traumas y hasta ocasionar trastornos psicopatológicos que limitan las capacidades de afrontamiento y respuesta a actividades y problemas de la vida humana.
Compartiendo un poco de mi experiencia personal, en lo que se refiere a mí estado de salud psicológica he ido atendiendo, progresivamente, mis necesidades y he progresado mucho especialmente en la regulación emocional y sentimental.
Me parece necesario poner énfasis en definir que una buena parte de las personas, o tal vez la gran mayoría, pueden haber experimentado violencia en alguna etapa de vida. Violencia en el entorno familiar (Por ejemplo: Al haber problemas de alcoholismo por parte del padre o la madre que genera conflictos conyugales y maltrato físico y psicológico en los hijos) en el escolar (exclusión social y menos precio por parte de compañeros o hasta por el mismo maestro), entre otros posibles escenarios.
En mi experiencia, he notado que muchas de las personas que he encontrado en el camino manifiestan, conductualmente, posibles consecuencias de traumas psicológicos no atendidos, mismos que obstaculizan su dinámica vital y no les permiten disfrutar, más plenamente, de las relaciones y vínculos afectivos, así como de lo maravillosa que es la vida.
¿Qué se recomienda hacer si se descubre posible trauma psicológico por experiencias estresantes y violentas en el pasado? Primero, guardar calma. Después reconocer que los traumas están a la orden del día pero que se tiene que atender con un profesional de la salud mental. Acudir a psicoterapia y darle seguimiento. Siendo más consciente del problema, buscar estrategias de regulación emocional y sentimental. Importante reconocer que ni la familia ni las personas que me rodean tienen la culpa de mis traumas o trastorno. Cultivar la empatía y, ¿Por qué no? fomentar la vida espiritual y religiosa, como complementos que ayudarán a redefinir la vida, sanar las heridas y aprender a vivir sin violentar a otros.

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