viernes, 3 de agosto de 2012

" Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe" Evangelio de hoy 03/08/2012

Viernes XVII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,54-58): En aquel tiempo, Jesús viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?». Y se escandalizaban a causa de Él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio». Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

Algo para la reflexión
Por: José Gilberto Ballinas Lara.
 
Cristo en pleno ministerio de evangelización se encuentra de paso con su realidad particular. Regresó a su patria y fue fuertemente cuestionado por sus compatriotas ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?, tal como nos narra hoy el evangelista san Mateo

Ellos no pudieron ver a Cristo el Hijo de Dios, vieron a Jesús el hijo de José el carpintero, porque desde el primero momento el antecedente de haber visto y convivido en lo cotidiano y común con Jesús, María y José colocó en ellos como un vendaje en sus ojos. Esto hizo que Jesús no realizara prodigios como en otros lugares, la fe de sus compatriotas era nula.

¿Cuántos de nosotros nos damos a la tarea de juzgar a nuestros hermanos cuando están realizando algún servicio en la Iglesia, por el simple hecho de conocerlos en su vida familiar, sin tomar en cuenta que lo valioso es el mensaje que Cristo quiere transmitirnos por medio del hermano(a)? ¿Nos está permitido juzgar, sabiendo que, como humanos tendemos a cometer errores en nuestros juicios y que el único facultado para juzgar a los demás es Cristo?

Por otro lado, Cristo está presente en nuestras vidas. En lo cotidiano, en lo común se hace presente para comunicarnos su voluntad. ¿Estamos nosotros listos y preparados con la fe firme en Él para descubrirlo? o ¿A semejanza de los compatriotas de Jesús somos incapaces de reconocerlo por faltarnos la fe y la capacidad de contemplarlo aún en las dificultades?

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