jueves, 22 de septiembre de 2016

«¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Evangelio de hoy


Texto del Evangelio (Lc 9,7-9): En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?». Y buscaba verle.


Algo para reflexionar


Por: José Gilberto Ballinas Lara


Buen día tengan todos amigas y amigos.



La sagrada liturgia nos propone continuar meditando el testimonial evangélico de Lucas. Leyendo versos anteriores descubrimos cómo Jesús, en plena marcha de su ministerio salvífico, se le veía sanando enfermos y resucitando a los muertos. Estos hechos hicieron que muchos compararan al maestro Jesús con profetas de la antigüedad, inclusive afirmar que el gran Juan Bautista, muerto a manos del tetrarca Herodes, había vuelto a la vida. Tales cosas desconcertaron a Herodes quien deseaba encontrarse con Jesús para conocerle.


En la actualidad nuestro mundo abarrotado de corrientes de pensamiento ajenos a Dios y al evangelio de Cristo, y observa cómo en nuestra Iglesia hay personas comprometidas que se esmeran en vivir y propagar los valores cristianos, se cuestiona sobre la verdadera existencia de la fe en el Señor Jesús y la radicalidad de vida de esos testimonios cristianos: ¿Por qué se esmeran en defender la vida y no aceptan el aborto?, ¿Por qué no permitir la libre concepción de la sexualidad? ¿Por qué continúan viviendo bajo las pesadas normas morales y éticas? ¿Quién es ese Jesús que puede ser capaz de arraigarse en la vida de esas personas hasta obligarlas a cumplir sus preceptos evangélicos?

En este sentido, los que nos decimos "cristianos" deberíamos, como los discípulos de Cristo, reencontrarnos con Él, para conocerle mejor y amarlo cada vez más. De ese amor resultará la evidencia de su presencia real en el mundo con nuestro testimonio de vida y, con su ayuda, poder transformar la faz de la tierra, según su voluntad.


Pidamos al Señor que desde nuestra realidad particular podamos descubrirlo, ahí en la Iglesia reunida por Él, en la celebración de los sacramentos, pero también en los hermanos que sufren exclusión y pobresa. De ese modo y sintiéndonos amados y acompañados por Jesús continuemos nuestra misión particular de evangelización y hagamos que el mundo corrompido y desorientado vuelva a buscar a Cristo y, descubriéndolo, lo siga y lo ame como Él a nosotros.

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