Jn 16, 23b-28 "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios.
Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN PARA TI
José Gilberto Ballinas Lara
El evangelio de hoy detalla un discurso hermoso de despedida. Cristo adelanta su regreso glorioso al cielo, no sin antes expresar nuevamente su íntima unión con el Padre y la filiación que sus apóstoles habían logrado con Dios por mediación suya, es decir por haber creído en el Hijo. Jesús los exhorta a orar al Padre en nombre del Hijo y de ese modo alcanzarían las gracias necesarias para vivir su vida de fe.
En la actualidad, pareciera que la filiación de quienes hemos recibido los santos sacramentos de iniciación cristiana, entre ellos destacando el bautismo, se distancía de ser la puerta de acceso a la fe. Para muchos el bautismo recibido no tiene mayor ingerencia en su vida espiritual. Incluso, habemos muchos que hemos perdido casi por completo la vida espiritual (No buscamos el sacramento de la reconciliación, en consecuencia no comulgamos y eso nos aleja de participar en la Santa Misa y alimentarnos de la Palabra de Dios.) Incluso, habemos quienes ni si quiera nos damos tiempo para elevar una oración diaria.
Esto no es propio de los discípulos del Señor. El mundo nos absorbe con sus costumbres paganas, con sus ideologías contrarias al evangelio. Hemos perdido de vista nuestra esencia de hijos de Dios.
Este tiempo pascual debe mantener en nosotros la alegría de la Resurrección del Señor. Su gracia santificante quiere derramarse sobre quienes le buscan y aman. Mediante la vida espiritual, y la oración podemos mantener la unión con Cristo y con el Padre. Esto, como dijo el mismo Jesús, nos asegura la filiación divina con Dios. Volvamos al camino del Señor.

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