jueves, 18 de diciembre de 2014

Ante la crisis en México volvamos la mirada a Cristo

José Gilberto Ballinas Lara
(Maestrante: Filósofo, comunicador y psicólogo)

La Iglesia Católica, reflexionando sobre los signos de los tiempos, ve con tristeza que la humanidad está perdiendo de vista la realidad de Dios. El hombre, creatura hecha a imagen y semejanza de su creador (Cfr. Sagrada Escritura: Génesis 1, 27), ha ido olvidándose de una de sus características esenciales, “ser humano”. La muerte y la barbarie encontrada a lo largo de la historia hasta nuestros días, manifiestan la pérdida de dicha esencia.

Nuestra nación es un claro ejemplo del escepticismo (válgase la expresión) en relación a Dios. Los hechos que vivimos en la actualidad- violencia en todos los aspectos de la vida, la cultura de la muerte, el desmesurado anhelo de poder, etc.-, particularmente la delincuencia que sigue superando los proyectos y estrategias del Estado por mantener un orden civil, nos habla de la incapacidad del ser humano para afrontar la problemática que generan en la vida los aspectos negativos antes mencionados.

El hecho concreto de la desaparición de los estudiantes normalistas de Iguala Guerrero, ha dado mucho que criticar a las actuales políticas jurídicas, económicas, sociales, y el limitado estado de derecho en nuestro país. Ante esto la Conferencia del Episcopado Mexicano ha expuesto su descontento con un “¡Basta ya! No queremos más sangre”, en el mensaje de los Obispos de México publicado el pasado 12 de noviembre del presente año.

En dicho mensaje titulado “¡Basta ya!” los Pastores de la Iglesia Católica en México dejan en claro que el Señor Jesucristo está presente en el mundo para edificar su Reino de justicia y paz “Jesucristo es nuestra paz. Él está presente en su Palabra, en la Eucaristía, en donde dos o más se reúnen en su nombre, en todo gesto de amor misericordioso y en el compromiso por construir la paz en la verdad y la justicia”


No nos sintamos solos. En estos momentos, donde la incertidumbre sobre la vida de los jóvenes desaparecidos pesa y marca una crisis que ha venido suscitándose en el pueblo mexicano, y frente al grito de millones que exclaman “¡Vivos se los llevaron. Vivos los queremos de vuelta!”, unamos nuestras voluntades y, más allá de generar más violencia que agudice la crisis social de nuestro querido país, adoptemos una actitud propositiva que contribuya a la resolución efectiva de nuestros males, confiando que Cristo, que ha vencido la muerte y al mal, nos acompaña siempre. Solo necesitamos volver la mirada a Él.

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