"Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad" Evangelio de hoy

 

Foto: Parroquia Cristo Salvador en Facebook

Lc. 4, 31-37 “ En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.

Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz:

«¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».

Pero Jesús le increpó diciendo:

«¡Cállate y sal de él!».

Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño.

Quedaron todos asombrados y comentaban entre sí:

«¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen».

Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca."

Palabra del Señor.

UN MENSAJE PARA TU VIDA

José Gilberto Ballinas L 

Contemplamos, ahora, el testimonial evangélico de San Lucas, -el relato, sobre Cristo, más profundo en caridad, según algunos biblistas- agradable a muchos por la exposición clara y misericordiosa que hace del Señor, Jesús.

Cristo se encontraba enseñando en la sinagoga de la ciudad de Cafarnaúm, lugar privilegiado para el comercio y dónde se encontraban el paganismo y la religión Judaica.

La Palabra de Jesús era clara y condunte. Ayer mismo daba a conocer su mesianidad con ayuda de los sagrados pergaminos. ¿Cuánta fuerza tenía su palabra que hasta el espíritu inmundo no pudo tolerarla y se manifestó en ese pobre hombre poseído para dar a conocer su mesianidad?

Al verse descubierto por ese demonio y para restituir la vida de ese hombre, con voz firme, expulsa al espíritu inmundo que sale del cuerpo sin hacer daño alguno al pobre hombre  Esto corroboró la intensidad y la fuerza de la palabra de Jesús, diferente a las enseñanzas de los maestros de la ley que hablaban limitadamente de Dios y las leyes, y sin lograr que las palabras tuviera ingerencia en la vida propia de los rabinos. 

Cristo habló con rigor y autoridad. Él es la Palabra encarnada. Él fue en ese momento el contenido mismo del mensaje y continúa siéndolo en el mundo actual. Su Palabra contenida en la Divina revelación, las Sagradas Escrituras, es viva y eficaz

Para que su Palabra pueda llegar a este mundo poseído por los demonios de la carne, la violencia, el poder, y la misma cultura de muerte, necesita hombres y mujeres comprometidos con el Evangelio y el mandamiento del amor cristiano. 

¿Seremos nosotros medios efectivos que llevan la Palabra liberadora del Señor y que hará posible que la salvación en Cristo y por Cristo llegue a tantas personas que son atormentadas por los demonios del placer, la codicia, el odio, la envidia entre otros?

Sucede a menudo que muchos se dedican a pregonar la Palabra del Señor pero, al igual que los rabinos de aquel tiempo, por su mal testimonio, su arrogancia, no logran que dicha palabra tenga el impacto que debería. Hace falta la autoridad que viene de Dios.

Roguemos al Señor nos ayude a contemplar su Palabra y vivirla fielmente, para que podamos compartirla -con la autoridad propia de Cristo- y demostrar a este mundo, cada vez más lleno de iniquidad y pecado, que la Salvación definitiva está únicamente en Jesús, nuestro Dios y Salvador. 

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