«¡Señor, sálvanos, que perecemos!» Evangelio de hoy

Foto extraída de X.COM
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Mt 8, 23-27 "En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.

En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole:

«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Él les dice:

«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados:

«¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».*

Palabra del Señor

UN REGALO PARA TU VIDA DE F

José Gilberto Ballinas L 

Esta ocasión el testimonial de San Mateo ofrece un relato hermoso que nos puede ayudar a profundizar nuestra vida personal de fe y discipulado.

Luego de haber escuchado muchas de las enseñanzas del Maestro, y haber visto varios casos de sanación realizadas por él, los discípulos le siguen hasta la barca y suben a ella. Es probable que no supieran la razón de hacerse a la mar. Sin embargo sabían que debían caminar con Jesús. 

Ya en alta mar mientras Jesús dormía, se desató una tempestad que amenazaba su estabilidad y su propia vida. ¿Qué hacer? ,¿A caso no había entre ellos pescadores con conocimientos sobre navegación? Es seguro que sí, sin embargo, al verse vulnerables ante la naturaleza tempestuosa recurrieron al auxilio del Maestro. El único que podía hacer algo para devolverles la seguridad y tranquilidad. Cristo les reclama su falta de fe y confianza y ordena a la tempestad calmarse, lo cual sucede 

Los apóstoles pasaron del temor al asombro. Del miedo a la confianza, gracias a Jesús. 

¿A nosotros cómo nos interpela este relato del Santo Evangelio? Nos brinda orientaciones para reflexionar sobre nuestra vida de fe y proceso de discipulado. 

¿Aún habiendo recibido el santo Bautismo, ante una experiencia abrumadora y conflictiva nos hemos sentido desamparados? ¿Hemos recibido la fe cristiana y nos decimos muy creyentes y ante una prueba y adversidad nos rendimos antes de pedir que la misericordia del Señor nos salve?

Los apóstoles nos enseñan a seguir incondicionalmente a Jesús y que, aunque en ocasiones no lo sintamos, Cristo está ahí con nosotros, camina y acompaña cada etapa, cada experiencia de nuestra vida personal. Él está en los momentos felices y sobre todo en las tormentas y tempestades (externas y también internas) de la vida. 

Cuando nos toquen momentos de aflicción y prueba que parezcan tan abrumadores que intentan hacernos perder la paz y seguridad, supliquemos a Cristo que nos ayude a resolver la situación conforme a su santa voluntad. Con humildad doblemos las rodillas e imploremos su misericordia 

De ese modo seremos testigos cómo nuestro Señor y Salvador Jesucristo hace que la paz y tranquilidad vuelvan a nosotros para reestablecer nuestra confianza en Él y nuestra fe siga creciendo.


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