Mc 1, 21-28 En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entra Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:
«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
Jesús lo increpó:
«¡Cállate y sal de él!»
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
¡Palabra del Señor!
Reflexión para la vida
José Gilberto Ballinas Lara
Por misericordia e Dios hemos iniciado el tiempo ordinario. Y la sagrada liturgia nos invita a reflexionar el evangelio, bajo la perspectiva de san Marcos.
La vida pública del Señor había comenzado en Cafarnaúm, una cuidad de gran importancia económica y política. Una ciudad donde se encontraban la fe judía y el paganismo.
Cristo, según narra Juan Marcos, decide darse a conocer en las sinagogas de ese lugar. No lo hizo en lugares apartados. Lo hizo allí donde los judios se reunían en torno a los sagrados pergaminos que contenían la ley y los profetas. Cristo, nació como judío y nos da muestra de obediencia a las leyes.
A diferencia de los legistas y rabinos, Jesús enseña con fuerza y autoridad. El hecho de expulsar, de modo contundente, a ese demonio del que hacen mención los versos leídos, el mismo espíritu inmundo que manifiesta la condición mesiánica del Señor, deja claro que no podía tratarse de un profeta más.
Los judíos trataban de comprender la palabra de Dios contenida en los pergaminos y se sorprendian de los relatos que en ellos había. Sin embargo, Jesús, en el inicio de su ministerio hace notar la fuerza y autoridad de su palabra.
¿Cómo puede esta perícopa iluminar nuestra vida actual? La Palabra del Señor contenida en las Sagradas Escrituras, y especialmente en el Santo Evangelio, son fuente de vida y esperanza. Ante el contexto actual donde la verdad se adapta a caprichos e ideologías perversamente estructuradas. Donde se vive una acelerada deshumanización, en este contexto la Palabra de Cristo sigue teniendo fuerza y autoridad. Lo único que hace falta es auténticos siervos del Señor que con valor y una fe bien arraigada salgan y, de palabra y testimonio, den a conocer a Cristo a este mundo decadente.
Roguemos al Señor para que, su palabra, nos libere de los demonios del conformismo y de la desesperanza y, renovados en la fe, nos decidamos a vivir conforme a su santa voluntad.

Comentarios
Publicar un comentario