Por una crianza sin violencia ¡Sánate y rompe el círculo!

Fuente: Pinterest

José Gilberto Ballinas Lara (Filósofo, Psicólogo, educador y teólogo).

En nuestro país, México, vivimos en una sociedad violenta, ruidosa, mayormente incapaz de establecer vínculos efectivos de comunicación y relaciones interpersonales sanas.

Haz notado cómo son muchas las personas que, al dirigirse a los bebés y niños, lo hacen alzando la voz innecesariamente y hasta con gritos que detonan violencia. En lo personal y como consejero psicológico me ha tocado conocer muchas personas con estas características.

Me atrevo a decir que una buena parte de los adultos, que manifiestan conductas violentas como el ejemplo descrito, y que presentan sentimientos de ira y rencor, mismos que suelen tener su origen en eventos traumáticos pasados, muchas veces, actúan con poca conciencia de este hecho. En psicología se le conoce también como transmisión generacional del trauma.

Una infancia traumática donde hubo palabras humillantes, castigos exesivos y hasta innecesarios, golpes y menosprecio (por mencionar algunos) son experiencias que marcan y pueden generar trastornos psicológicos posteriores si no son tratados como corresponde.

De ese modo, un adulto que carga con heridas emocionales, como aquel que, en su niñez no pudo expresar libremente  emociones como la tristeza, por que fue obligado a no llorar ni gritar, suele repetir la conducta cuando ve a otros niños llorando. Se vuelven intolerantes a la expresión de esas emociones. 

En otros casos, el adulto traumatizado suele no aceptar su problema, le parece ridículo sólo mencionar el tema. Sin embargo, muchas veces durante una situación que le genere crisis emocional, sea bajo el influjo de alcohol o no, se refieren al sufrimiento vivido y lo expresan casi como si lo estuvieran volviendo a vivenciar. La crisis empeora cuando está presente la persona que le violentó o alguien que, con su conducta, se lo recuerda.

Reproducir las conductas nocivas en la crianza de los propios hijos o de familiares, puede convertirlo en agente de violencia para estos últimos. Sin darse  cuenta se vuelve victimario para otros. El daño que un día recibió ahora lo causa en sus propios hijos. El empleo de gritos, menosprecio, insultos y críticas destructivas están reproduciendo el caos que se vivió. Y lo peor es que pudiera estar afectando las emociones de sus pequeños y generarles traumas que, en la edad adulta, volverán a replicar con sus propios hijos.

Lo que recomiendo en estos casos es, hacer un alto en la ajetreada vida, reconocer que se tiene un fuerte problema psicológico y que urge sean atendidos los traumas que se generaron por causa de las heridas del pasado. Paso siguiente es recurrir al apoyo psicológico y, si se es creyente, también a la ayuda espiritual. Esto nos procurará, progresivamente, ir sanando por dentro y se reflejará también por fuera. Se podrá ser más conciente del problema hasta caer en cuenta que nuestros familiares ni nuestros hijos tienen la culpa ni deben pagar por el dolor experimentado en el pasado. Por el contrario, son una oportunidad para sanar plenamente y romper el círculo nocivo de violencia

Muchas veces perdonando el pasado y reintegrándolo a nuestra vida transformado en experiencia de aprendizaje, y no ya de dolor,  es como podemos generar un entorno familiar pacífico, basado en valores como el respeto, el amor y el perdón mútuo. 

Si presentas algo del problema que he planteado, hazte un favor, ¡sánate! Tu familia, tus hijos te lo agradecerán.


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