Vivencia de Cristo en la familia en pro de las vocaciones


José Gilberto Ballinas Lara
Maestrante en Psicología del adolescente

Como integrantes de una familia nuclear (es decir, la familia integrada por un padre, una madre, y los hijos) se tienen múltiples deberes, mismos que, en su cabal cumplimiento, radica el éxito de los proyectos de la familia. Quizá el mayor de ellos es lograr la felicidad de la misma, en la felicidad de cada integrante.

En la familia cristiana el deber de alcanzar la felicidad, va más allá de los puros deberes morales y éticos, suponen un deber por llevar a la familia a Cristo, fuente de toda felicidad, mediante la práctica del amor fraterno, apoyo, generosidad, todos ellos con carácter incondicional. Los padres deben ser los primeros en fomentar y demostrar estas cualidades consigo mismos y con los hijos.

La felicidad de los hijos está en relación con la buena planeación de su propio proyecto de vida cristiana, esto hace suponer claridad en su vocación y una respuesta generosa al llamado que ha recibido de Dios para vivir un estilo de vida particular en el Matrimonio, la vida consagrada, el ministerio ordenado y la soltería.

“En su búsqueda del sentido de la vida, los jóvenes son capaces y sensibles para descubrir el llamado particular que el Señor Jesús les hace” (Documento Conclusivo Aparecida, núm. 443) Esta es una verdad que se refleja en los jóvenes cristianos que viven con intensidad su fe en Cristo. Sin embargo están en constante riesgo, ya que los problemas sociales y familiares pueden distraer su atención y no escuchen, así, la voz de Dios, que les llama a seguirlo en un estilo de vida concreto.

Es necesario que la familia intensifique la vivencia de Cristo en su interior, y los inmediatos responsables de ello son los padres, para que los hijos tengan un encuentro con Jesús vivo y puedan ir discerniendo cuál es la voluntad de Dios para cada uno de ellos, y respondan a la propuesta que Él les hace a seguirle en cualquiera de los estilos de vida cristiana antes mencionados.

En la medida que los hijos vayan viviendo, con la compañía y guía de sus padres, la fe en el Señor, mediante la escucha atenta de la Palabra de Dios y la participación activa en los Sacramentos, habrá más claridad en el proyecto de vida que Dios les pide realizar y en consecuencia su respuesta será sincera y generosa. 

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