Lc 6, 43-49 "En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo?
Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa»."
¡Palabra del Señor!
Reflexión para la vida
José Gilberto Ballinas L.
Damos gracias, a Dios, por la vida y los dones de su Santo Espíritu que nos concede.
Hoy, retomamos el testimonial evangélico de San Lucas. El Maestro va concluyendo, con estas enseñanzas prácticas, la capacitación a sus discípulos. Aquel que quiera seguir a Jesús tenía que seguir fielmente sus palabras.
Para que entre sus seguidores no hubiera más dudas, propone estás figuras "No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno" Con este razonamiento lógico sus seguidores podrían entender mejor la exigencia de un estilo de vida radicalmente apegado a la voluntad de Dios. Cómo discípulos de Jesús tenían que aprender del Maestro y hacer esfuerzos por imitarle.
¿Que si eso mismo vale para quienes pretenden ser discípulos del Señor Jesús? Ni más ni menos. La Palabra del Señor, de modo especial revelada en los Santos Evangelios, son fuente de verdad y vida. En ellos está contenido lo necesario para conocer, seguir, aprender y amar a Jesús. ¿Es un manual para vivir mejor? No. Es la verdad absoluta en la persona de Cristo, que nos ilumina la razón para entender y responder a preguntas esenciales como ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?.
A quienes por el Bautismo "somos" hijos de Dios y miembros de su Iglesia, a quienes recibimos el don de la fe y sabemos que "venimos" del Padre Eterno, y por Cristo y su misterio pascual, ahora sabemos que si perseveramos en su voluntad "iremos" a su encuentro para disfrutar de la vida eterna; debemos cultivar la bondad de nuestro interior para que sea fuente de nuestras acciones y estás den testimonio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Hagamos esfuerzos para vivir, cada vez más, conforme a la Palabra del Señor y seamos como árboles que, por nuestros frutos buenos, nos reconozcan.

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